FE Y LITERATURA: EL PROYECTO DE UNA UNIÓN INSOSLAYABLE (Parte 3)

Cuatro argumentos probatorios

Pistis: traducción y significado

El término griego πίστις (pistis) aparece más de doscientas cuarenta veces en el Nuevo Testamento (NT) y casi siempre es traducido como ‘fe’. La cifra anterior muestra la cardinal contribución de ambas palabras al tema del NT. Por otra parte, «pistis», y en consecuencia «fe», encierra una notable variedad semántica. El Léxico griego Louw-Nida expone seis significados de «pistis» y ejemplifica el uso de cada uno con diferentes porciones bíblicas. Según este léxico «pistis» es (Louw y Nida 1996, p. 198):

– Aquello que es completamente digno de crédito: evidencias fidedignas (Hch 17:31).
– Confianza: creer al extremo de la completa confianza y seguridad (Ro 4:3).
– Fidelidad (Ro 3:3).
– El acto de creer en las buenas nuevas de Jesucristo y ser su seguidor (Hch 4:32).
– El contenido en el que un cristiano cree, la doctrina (Jud 3).
– El compromiso de fidelidad (1 Tim 5:12).

Además, «pistis» denota relación con el objeto, o sea, conocimiento (Viñals 2020), como se puede inferir de pasajes como Ef 4:13 donde fe y conocimiento se presentan como cualidades inseparables que caracterizan a un creyente espiritualmente maduro: a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (v. 13).

Cuatro argumentos fundamentales

En los artículos anteriores (artículo 1 aquí, artículo 2 aquí) hablé de fe, pero bastó entonces, para mostrar mi tema, con la noción general que cada persona tiene de esta palabra. Ahora expondré, con una argumentación más precisa (espero que no aburrida), cómo la literatura contribuye a esa confianza plena y fidelidad manifestada en cada acto del creyente a Dios y a su doctrina, a la vez que estimula un compromiso genuino y lleno de significado. Para ello me valdré de cuatro argumentos fundamentales: el antropológico, el pragmático, el apologético y el homilético. No son los únicos, pero son determinantes a la hora de probar la unión insoslayable entre fe y literatura como parte del proyecto de salvación de Dios.

Argumento antropológico

El componente psicológico de las obras de Dostoyevski

Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, uno de los principales escritores de la Rusia zarista, ha sido descrito recientemente como el «Colón de la geografía del espíritu sin el cual ni Freud ni sus discípulos existirían» (Medinaceli 2016). Para Nietzsche, él fue el «único psicólogo del que tenía algo que aprender» (Nietzsche 1889). Estas referencias responden al profundo carácter psicológico de su obra literaria pues:

Nadie ha explorado como el autor de Crimen y castigo las regiones sombrías más tenebrosas del alma (…) los instintos y pasiones tenidos en Occidente por los más viles y bajos; el tipo del criminal, de la prostituta, del ladrón; las malas pasiones, los celos, la envidia; las anormalidades de todas las neurosis; la manía suicida, el sacrilegio, el misticismo psicopático, el nihilismo de los endemoniados (…) apetitos, pasiones, delirios, efusiones y angustias inexplicables (…) Debemos a Dostoievski el reconocimiento de que en todo hombre, por honesto que parezca, existen todos los instintos. Todos somos, en el fondo, iguales. (Medinaceli 2016)

El componente religioso de las obras de Dostoyevski

De manera similar, se ha estudiado el trasfondo metafísico-religioso presente en sus obras, las cuales muestran, por ejemplo:

El riesgo espiritual del hombre librado a sí mismo, separado de toda alteridad, el hombre intramundano, entronizado en un subjetivismo idólatra (…) y las situaciones límites que arrastran consigo el dislocamiento, el desarraigo y la desvinculación del hombre de sí mismo y del prójimo. (Galimberti 2006)

Al respecto, destaca también el análisis de Romano Guardini en su libro El universo religioso de Dostoyevski donde analiza cinco de las grandes creaciones de este autor: Crimen y castigo, El idiota, Demonios, Un adolescente y Los hermanos Karamázov, concluyendo que «no hay ninguna figura descollante de su obra ni acontecimiento de importancia, que no esté informado, directa o indirectamente, por una clara y plena significación religiosa» (Guardini 1958, p. 11).

El argumento antropológico en las obras de Dostoyevski

En resumen, se ponga o no el énfasis en los elementos religiosos, Dostoyevski se plantea y explora continuamente «¿Qué es el hombre y qué puede el hombre?» (Matl 1951). Y este es, de hecho, el fundamento del argumento antropológico que aquí propongo: provenga de la mano de Dostoievski, con el acentuado carácter psicológico de sus narraciones, o de Saramago, con su In Nomine Dei más dramático e histórico, toda obra literaria reviste un «esencial carácter antropológico» (Odero 1998).

Significación para el creyente

Así, de acuerdo con el ya mencionado Guardini y otras personalidades, se puede afirmar que:

Los teólogos deberían leer literatura para hacer buena teología, y no sólo para pulir su estilo expositivo, sino sobre todo para ahondar en la comprensión del hombre. Si (…) «el hombre es el camino de la Iglesia», indudablemente la teología —marcada por una indeleble vocación eclesial y pastoral— no puede desconocer los múltiples vericuetos de ese camino que revela la literatura. (Ibíd.)

Pero no solo para los teólogos, marcados por su «vocación pastoral», este aporte es importante, sino para todo aquel que ha madurado lo suficiente como para entender que necesita, como aspecto vital para su existencia y supervivencia, conocer mejor a su especie y conocerse mejor a sí mismo como parte de ella. El creyente, en particular, mucho se nutriría de este conocimiento si además viene acompañado por la obra renovadora del Espíritu Santo en el que ha nacido y se mueve.

Argumento pragmático

En estrecha relación con el argumento antropológico está el hecho de que, si hombres y mujeres se pueden comprender mejor a sí mismos y a sus semejantes mediante la palabra escrita, también es cierto que se pueden apropiar pragmáticamente de esas palabras. Siendo así:

El lector de una obra de calidad queda transformado por la misma. Quizá sus juicios de valor han sufrido una modificación. Posiblemente comprende que alguna verdad interna del relato es verosímil y se plantea si en la realidad las cosas son también así (…). Los relatos de ficción (…) tienen un potencial cognoscitivo sobre todo en el ámbito ético y axiológico. (Ibíd.)

¿No constituyen Juan Matthys y Juan de Leiden un llamado a la acción sensata libre de razonamientos corruptos, evasivos y extremistas? ¿No es Raskólnikov un voceador eficaz que motiva al oyente a dominar el instinto de juzgar a otros al estilo de Dios en el juicio final? ¡Cuán rico complemento al relato escritural constituyen las cuestiones humanas representadas en la literatura y catapultadas al corazón con la potencia del arte! Y es que cada obra encierra una advertencia sobre el peligro de vivir y a la vez un estímulo para la vida; siembra el temor a los límites y la esperanza de poder sobrevolar los que deben ser traspasados; una buena obra es cielo y tierra a la vez… y siempre es una escuela.

Argumento apologético

Confieso que no empecé a leer a Saramago por iniciativa propia. Fue una amistad, que aún lucha por entender y establecer los fundamentos de su fe, quien me recomendó El evangelio según Jesucristo. Al instante detuve mi lectura contemplativa del Nuevo Ateísmo y me entregué a varias obras del «ateo feliz». De inmediato entendí por qué este autor causó tal fascinación en mi amiga: ambos, humanistas consagrados (cada cual a su forma), conectaron en su reacción al mito del «dios hemofílico», o amante de la sangre, y sediento de toda gloria y fama universal.

El ejercicio apologético por el que abogo es el que favorece la libre reflexión del individuo al ayudarle a poner en justa perspectiva sus prejuicios y presuposiciones infundadas. No es la defensa a ultranza de interpretaciones ideológicas o tradicionales de las Escrituras (como si Dios precisara de abogados que defiendan su causa), sino un análisis cuyo fin es siempre ilustrar, nunca convencer (prerrogativa divina).

Al ser la literatura un punto de confluencia de los pensamientos y prácticas humanas, demanda no un juez que dictamine y falle, según leyes propias, a favor de algún contendiente, sino un moderador que favorezca un diálogo enriquecedor para todos los bandos. Esta apologética dialógica debe basarse en el amor como única motivación válida para el evangelismo y la proclamación de la verdad. Por tanto, el creyente, ministro o laico, no puede estar ajeno a lo que su prójimo lee y se establece, al constituir la literatura un lenguaje universal, en el pensamiento de la colectividad; más bien debe participar de esa colectividad como legítimo interlocutor y heraldo de las nuevas de salvación.

Argumento homilético

El evangelio según Mateo muestra el gran asombro que el sermón del monte causó en sus oyentes (Mt 7:28, 29). Jesús les habló con peculiar autoridad, de una forma que ellos nunca hubieran podido anticipar y que distaba mucho del típico discurso de los escribas. El comentarista del NT William Hendriksen expone seis de las características que distinguían el mensaje de Jesús y que explican tal admiración suscitada. Entre ellas, destaca que el Maestro «estimuló la curiosidad de la multitud haciendo un uso generoso de ilustraciones y ejemplos concretos, en contraste con el discurso árido de los escribas» (Hendriksen 2007, p. 400). Sobre esto también comenta Sacramento:

¿No revistió el Divino Maestro sus enseñanzas de metáforas, alegorías, simbolismos y parábolas? ¿No vale la del Hijo Pródigo por mil silogismos? ¡Cuánto mejor conocía los alcances del corazón y de la razón humana nuestro Señor Jesucristo que todos los amontonadores en pesadotes infolios de infecundas sutilezas y enfadosas repeticiones estériles! ¿Cuánto no ganó la teología al dar por la boca de Jesús el beso de paz al arte? (Sacramento 1948)

Si el ministerio terrenal de Jesús valida e incentiva el uso del lenguaje literario como vía para llevar el divino mensaje, nosotros, que fuimos solemnemente encargados de predicarlo, no debiéramos despreciar su ejemplo. Por tanto, no basta con testificar «de» Jesús, urge también hacerlo «como» Jesús, quien supo seducir el corazón del ser humano y persuadir su mente para salvar su alma.

Próximo post

Hemos llegado al final de una serie de exposiciones concebidas como un llamado a reconocer el potencial de la literatura para la vida de fe. Apenas hemos iniciado el vasto camino del importantísimo campo constituido por la tríada fe-teología-literatura. Para adentrarnos más, en el próximo post delinearé los senderos de la ficción cristiana, es decir, explicaré las características de este género y sus variantes. Sígueme, lector, y juntos seremos colaboradores para que la fe crezca nutrida con la savia de la literatura.

Suscríbase y no pierda ningún post u oferta

Referencias bibliográficas

Galimberti, A., 2006. La salvación por la belleza: La obra de F. Dostoievski. Teología y Vida. XLVII, 457-477.
Guardini, R., 1958. El universo religioso de Dostoyevski (2 ed.). EMECE EDITORES, Buenos Aires, Argentina.
Hendriksen, W., 2007. Comentario al Nuevo Testamento: El Evangelio según San Mateo. Libros Desafío, Grand Rapids, EE.UU.
Louw, J. P., y Nida, E. A., 1996. Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains. (Vol. 2). United Bible Societies, Nueva York, EE.UU.
Matl, J., 1951. Dostoievski y la crisis de nuestro tiempo. Revista de estudios políticos (57), 35-54.
Medinaceli, C., 2016. Dostoievski y la clarividencia psicológica. Ciencia y Cultura (37), 229-244.
Nietzsche, F. (1889). El crepúsculo de los ídolos. Cómo se filosofa con el martillo. ElCavernas (Ed.) Recuperado de https://contramadriz.espivblogs.net/2017/04/21/el-crepusculo-de-los-idolos-friedrich-nietzsche/.
Odero, J. M. (1998). Teología y literatura. Artículo presentado en Cristo y el Dios de los cristianos. Hacia una comprensión actual de la teología: XVIII Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Navarra, España.
Sacramento, P. d. S., 1948. Teología y novela. Revista de Espiritualidad. 7 (28), 267-280.
Viñals, Y. L., 2020. Comunicación personal con el autor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *