FE Y LITERATURA: EL PROYECTO DE UNA UNIÓN INSOSLAYABLE (Parte 1)

Desmontando mitos

El homo poeticus

La literatura corre en las venas de cada ser humano y le es tan necesaria a esta especie como su propia sangre. Bibliófilo o iliterato, peón o capataz, capo o sacristán… mientras sea hombre o mujer, albergará en sus genes el amor por lo literario. La literatura es, ante todo, una actividad comunicativa, y no existe homo sapiens incapaz de comunicarse creativamente, sino que siempre se le ha podido encontrar subsumido dentro del mismo universo estético al que pertenece el lenguaje literario siendo, a la vez, materia y creador de este universo. «El arte es la firma del hombre» (Chesterton 2007, p. 41), lo define y distingue como tal. El afán humano por recrear y recrearse mediante historias se puede rastrear hasta los remotos tiempos en que estos cubrían de imágenes las paredes de sus cavernas. El «hombre sabio», en definitiva, está dotado de «razón poética» (Juri 2015) y es también un «homo poeticus» (Ibíd.) o, si se prefiere, un homo litteratus.

El homo religiosus

Por otra parte, la existencia humana puede ser definida como «existencia de cara a Dios» (Fizzotti 2012), y la religiosidad, como parte constitutiva e intrínseca de nuestra naturaleza (García-Alandete 2015, p. 20). Estas dos realidades de la condición humana están unidas de forma indisoluble: el homo poeticus es, de igual forma, homo religiosus (Juri 2015). Omitiendo explicaciones más abarcadoras de los conceptos anteriores (no es el interés aquí), pudiera formularse la siguiente pregunta: ¿siendo que el lenguaje poético y religioso configuran la dimensión existencial de hombres y mujeres, no debería constituir un interés de todos potenciar y encauzar tal efecto formativo?

Mi objetivo en los próximos dos artículos, al igual que en este, es fundamentar una respuesta positiva a la anterior pregunta. Comenzaré con el análisis de tres concepciones erradas sobre la literatura encarnadas en el imaginario de no pocos creyentes de hoy. Me referiré fundamentalmente a la narrativa de ficción en general, pero mis comentarios también son aplicables al resto de los géneros literarios e, incluso, también son extensibles en cierto grado a los textos clasificados como no literarios.

Literatura es más que entretenimiento

La gran difusión de la telenovela, desde la segunda mitad del pasado siglo, ha creado la infundada idea de que la novela (como género literario narrativo) también se reduce al típico argumento melodramático normalmente centrado en una pareja de jóvenes enamorados. Como esta representación del arte escénico se ha convertido en un fenómeno del entretenimiento, no son pocos los que creen que leer obras de ficción es solo una forma más de diversión. Sin embargo, nada puede estar más ajeno a la realidad. Y es que el género novelístico presenta múltiples formas. Atendiendo solo a su contenido (existen otros criterios para clasificar) se puede encontrar, por ejemplo, la novela social, filosófica y teológica, que lejos están de solo proyectar el esparcimiento del lector. Se puede decir, por tanto, que una buena novela se lee «con» placer, pero no «por» placer.

Literatura es más que un boleto de avión

Similar a lo anterior, está la tendencia a creer que los textos narrativos no son más que una vía para volar a un mundo de ensueños. Algunos se han referido a esta idea como el «prejuicio de escapismo» (Odero 1998) en el cual se busca «evadir la vida real, de manera análoga, y análogamente reprobable, a la evasión que producen los estupefacientes» (Ibíd.). ¿Pero no es de esperar que tal actitud prepondere cuando lo que se lee está basado en un universo ficticio? De ningún modo. La ficción literaria no es una realidad falseada cuyo fin es engañar los sentidos, sino que está orientada a la «interpretación del hombre y del mundo basándose en la invención y plasmación estética de un mundo posible» (Ibíd.).

Sí, leer nos permitirá viajar, pero ese viaje solo valdrá el esfuerzo y el tiempo invertido si, al regresar, parte de ese «mundo posible» con todos sus personajes y tramas se puede materializar, para nuestro bien y el de quienes nos rodean, en nuestro mundo real. Ese es el resultado de los buenos libros y… de las buenas lecturas.

Literatura es más que un tratado de moral

La literatura no es la «criada de la ideología moral del momento» (Eagleton 1988, p. 21). Aun cuando la historia de la literatura revela periodos en que desde el poder se instituyó y canalizó la lectura como actividad para distraer y fomentar el espíritu de tolerancia y sumisión de las masas, el texto, por sí mismo, no tiene el poder para sembrar una versión ajena de verdad en la mente del lector, como si este solo fuera una tabula rasa sin posibilidad de juzgar y servirse a conveniencia de la información. Tampoco es válida la perspectiva desde la cual la narrativa es una terapia para rendir «homenaje al superego» (Ibíd., p. 112). Lo cierto es que el lector aporta al texto «su contexto social y supuestos tácitos» (Ibíd., p. 36), y desde ellos debe aprovechar la literatura como un «camino para profundizar, enriquecer y transformar su vida» (Ibíd., p. 128).

Una última pregunta

Quisiera cerrar esta parte de la discusión respondiendo a otra pregunta particular: ¿debería un cristiano devoto y seguidor de una teología ortodoxa rechazar lecturas, por ejemplo, como las que vienen de la mano de Saramago y Dawkins? Estoy convencido de que no. Si bien tales autores no llaman la atención de la mayor parte de la comunidad cristiana, su ateología y proselitismo ateísta, además de su genialidad como pensadores, tienen mucho que aportar al creyente que, convencido de la verdad, desea afirmarse en ella y actuar como faro que la enseñe a otros. Por tanto, el temor a la deformación moral, por sí solo, no hace indigna de leer a ninguna obra.

La literatura como proyecto de salvación

Hasta aquí me he limitado a declarar la relación esencial entre el ser humano y la literatura. Pero de dónde proviene esta relación sino del acto creador del Gran Artista del Edén. Fuimos hechos para apreciar las maravillas de un mundo que refleja la gloria de su hacedor y fuimos hechos para crear. El arte nos constituye y nos reclama. El texto nos deslumbra. Como planteó el líder eclesiástico Pablo del SS. Sacramento en su intento por mostrar las ventajas del consorcio entre la teología y la novela (cuestión que abordaré en otra entrega): «la humanidad —el gran rebaño— apacienta su espíritu en la novela (…) impresa en libros o animada en la pantalla (Sacramento 1948). Dios mismo ha decidido revelarse a través del lenguaje literario que conforma las Escrituras. Además, como también diría Sacramento al referirse a los métodos de enseñanza del Maestro: «Jesús le dio el beso de paz al arte» (Ibíd.). En consecuencia, no es temerario afirmar que la fe y la literatura forman parte del gran proyecto de salvación de Dios. En ambas se ha esculpido la gracia redentora; juntas forman una unión insoslayable.

El próximo post

Por otra parte, para contestar a plenitud la pregunta inicial aún queda mucho camino por recorrer. Se han rebatido algunos argumentos míticos que alejan al creyente de las riquezas de la literatura, pero la naturaleza del asunto también exige demostración por medio de la ejemplificación. En el siguiente post: ¿Debe el cristiano leer solamente la Biblia?, abordaré la obra de José Saramago y espero así ampliar el horizonte de respuestas.

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Referencias bibliográficas

Chesterton, G. K., 2007. El hombre eterno (2 ed.). Ediciones Cristiandad, Madrid, España.
Eagleton, T., 1988. Una introducción a la teoría literaria (1 ed.). Fondo de Cultura Económica, México.
Fizzotti, E., 2012. Análisis existencial del homo religiosus. Nous. Boletín de Logoterapia y Análisis Existencial (16), 19-37.
García-Alandete, J., 2015. Homo ethicus, homo religiosus. De moral y religión en clave psicológica. Sociedad Latina de Comunicación Social, Tenerife, España.
Juri, A., 2015. Gibran Khalil Gibran: homo religiosus y homo poeticus, caracterización y resonancia. Franciscanum. LVII (163), 215-256.
Odero, J. M. (1998). Teología y literatura. Artículo presentado en Cristo y el Dios de los cristianos. Hacia una comprensión actual de la teología: XVIII Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra, Navarra, España.
Sacramento, P. d. S., 1948. Teología y novela. Revista de Espiritualidad. 7 (28), 267-280.

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